Otro año lo será.

Me pregunto muchas cosas,

cómo habría sido todo de haber escogido el camino de la izquierda,

otro tipo de amor.

No sé si hice lo correcto,

supongo que sí -pues no me quedó opción-,

pero,

de alguna manera,

que aunque 2015 no fuera el momento,

llegará un año en el que lo será.

Lo siento yo y lo sientes tú,

me lees tú y te leo yo.

En cuanto podamos construiremos algo,

algo que solo conoceremos él y yo.

No sé si tengo algo que escribir

Durante todo este tiempo no escribí nada. No había escrito ni estaba escribiendo nada. Nada dentro de mí necesitaba ser escrito. Nada necesitaba palabra alguna y no había palabra alguna dentro de mí que no pudiera ser hablada de modo que no había palabra alguna dentro de mí. Y no estaba escribiendo. Empecé a preocuparme por la identidad. Yo había sido siempre yo porque tenía palabras que debían ser escritas dentro de mí y ahora cualquier palabra que tuviera dentro de mí podía ser hablada no necesitaba ser escrita. Yo soy yo porque mi perrito me conoce. Pero era yo yo cuando no tenía palabra escrita alguna dentro de mí. Me fastidiaba mucho. Pensé algunas veces que debería intentarlo pero intentar es morir de modo que no lo intenté realmente. No, no estaba escribiendo nada.

 

Gertrude Stein

 

En la línea

Tú ya has elegido,

puede que yo también,

y por mucho que me duela,

ya no voy a intervenir.

Dejaré que muramos poco a poco,

que se sequen nuestros ojos

y nuestro corazón deje de latir.

Necesito salir,

dejarte morir,

permitir que se formen coágulos

y nuestra historia quede congelada.

Ya no quiero nada más.

Voy a volver a renacer

gracias o pese a ti,

voy a dejar de perseguir al infierno

para que el cielo me encuentre a mí

y recuperar el brillo que a tantos enamoró.

Voy a renovarme,

y ya nadie lo podrá impedir.

Es cierto

A veces me invade la tristeza,

y me invade tanto que no puedo ni explicarlo,

y me da pena que tú tengas que aguantarlo

porque no debe ser fácil enfrentarse a mí,

a mis palabras y  a mis gestos sin sentido;

tampoco a mis secretos,

ni a mis miradas perdidas.

Nunca sabrás qué hay detrás de esos momentos,

jamás conocerás mi razón de ser

ni los momentos en los que doy miedo.

Quizá sea mejor así.

 

Acostumbrarse

Él no estaba acostumbrado a una chica como ella, y ella no sabía cómo esconder sus verdaderos pensamientos ante la firme mirada de él. Se podría decir que eran una pareja extraña que hace tiempo se habría separado si no fuera porque la física y la química les impedía dar ese paso.

Esa noche todo se volvió oscuro, confuso y raro. Quizá no fuese lo mejor para ambos encontrarse  por la noche. A los dos les gustaba gustar, y hacerlo delante del otro resultaba ofensivo. No porque fueran a hacer nada, puesto que ambos le eran fiel al otro, sino porque una sangre maligna les rellenaba las venas para que hicieran el mal.

Esa noche perdió la cabeza. ¿Quién? Ella. Quizá bebió un poco de más, quizá se sentía confusa, quizá pensaba que todo era una maldita broma y que en realidad solo servía para vivir en los brazos de otro (y de otro, y de otro, y de otro). Quizá la falta de confianza que le invadió de repente le dieron ganas de marcharse y de volver a empezar en otra ciudad como había hecho ya antes… Nadie sabe qué fue realmente lo que pasó, pero llegó un momento en el que sus piernas se paralizaron. No respondía a las palabras de nadie, ni a la mirada de su propio amor. La agarraron entre dos para salir de esa discoteca e intentaron reanimarla, pero a lo mejor lo que ella buscaba era dejarse llevar hacia un lado en el que nadie la tomara el pelo. Cerró los ojos y amaneció en el hospital. Él seguía allí. No iba a separarse de ella, y en ese momento tuvo claro que sí que podía contar con él y que no debía escuchar a los pensamientos terroríficos que la ecechaban con dos copas de más.

 

Feliz cumpleaños

Siempre me he considerado una persona afortunada. Siempre he tenido todo lo que he querido, y todo por lo que he luchado.

Nunca me ha faltado de nada, incluso los mejores -o peores- caprichos los he acabado consiguiendo (tanto materiales como personales); y cuando podría haberme pasado algo que nadie podría considerar bueno, no ha ocurrido. Cuando he estado mal, lo he superado.

Esto es, en parte, gracias a una persona que ha estado conmigo toda la vida. No es mi hermana, pero como si lo fuera. Es familia, pero al mismo tiempo es mi mejor amiga.

Ella sabe quién es. Ella es la única persona por la que lloro si está mal, por la que lloro si ella llora; y ella es la primera persona en la que pienso para contarle todo lo bueno y malo que me puede ocurrir. Además, las cosas importantes nos suelen pasar a la vez, y no creo que sea coincidencia.

Es difícil agradecerle a una persona a la que tan bien conoces y a la que tanto quieres, todo lo que significa para ti. Vivimos en diferentes ciudades, pero desde muy muy pequeñitas eso nunca ha sido ningún obstáculo, cuando suele serlo en edades tan tempranas.

Nosotras nos seguíamos llamando por teléfono siendo niñas, preadolescentes, adolescentes, ahora -¿adultas?-, para contarnos cualquier cosa y reirnos durante horas sin ninguna razón. Cuando nos veíamos en Navidad, Semana Santa, verano… llorábamos y reíamos al mismo tiempo histéricas al por fin poder abrazarnos. Y a día de hoy, sigue siendo así.

Siempre hemos sido compañeras de aventuras. “Cortemos un limón”, dijimos con cinco años, y ella acabó en el hospital porque casi le corto un dedo. “Vayamos a cantar canciones de Hillary Duff a las perfumerías de la calle de la abuela para ganar algo de dinero”, y así lo hicimos con 8 años. “Escapémonos al pueblo de al lado sin que lo sepan nuestros padres”, y nos pillaron de vuelta. “Vamos a fumar un cigarrillo”, “vamos a robar una copa de vino de nuestros padres”, etc.

Ahora nos hacemos mayores, y nos seguimos aguantando la una a la otra. No hay persona que me conozca más que ella, ni persona a la que quiera más. Porque si a ella le pasa algo, me voy a Barcelona a pasar una semana viendo películas románticas con ella en la cama mientras comemos palomitas o helado de chocolate. Sabe que si me necesita voy a estar ahí, y que nadie le da mejores consejos que yo -aunque muchas veces no me los aplique a mí misma y me los tenga que recordar ella más tarde-.

Solo con tenerla a ella me siento agradecida. Es bonito saber que vas a tener un apoyo de tal magnitud en tu vida durante el resto de tus días. No hay nada que se compare a eso. Y espero poder demostrarle todos los días lo mucho que la quiero. No me imagino una vida sin ella. Tampoco me la quiero imaginar, porque solo de pensar en ello me dan ganas de llorar.

Sé que nuestras madres, mi madre y mi tía, están orgullosas de haber tenido a dos hijas que tanto se conocen, quieren, apoyan y ayudan en todo. Hoy no es su cumpleaños, pero me apetecía escribir esto.

Te quiero mucho, Lucía.

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Os hablo de series: LOVE y You’re the Worst

La serie de Netflix LOVE prometía sorprender tratando el amor desde una perspectiva honesta y real. ¿Cubre las expectativas?

LOVE, la nueva serie del director, guionista y productor ejecutivo americano Judd Apatow, conocido por dirigir y producir un gran número de películas relacionadas con el ideal del amor: Begin again, Eternamente comprometidos, Y de repente tú, Paso de ti, etc; pretendía sorprender con su nueva serie LOVE, estrenada en Netflix el pasado 19 de febrero, pero puede llegar a parecer un remake de otras series que se están llevando toda la atención del público. Netflix ha querido aprovechar ese tirón, y de aquí el nacimiento de esta serie.

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LOVE , en palabras de su director, trata sobre las complicaciones que lleva consigo conocer a alguien en el plano sentimental y lo difícil que acaba resultando esconder esos sentimientos hacia esa persona. Esta idea la defienden muy bien los dos personajes principales, Mickey, interpretada por Gillian Jacobs, y Gus, interpretado por Paul Rust, pero falta algo.

Mickey encarna a la típica no típica persona que acaba de cumplir los 30 años y que aún no ha asumido que algún día debería dejar de comportarse como una veinteañera. Por suerte, sí que asume que tiene un problema con el alcohol -acude a sesiones de A.A-, al igual que con ciertas drogas que le ayudan a evadirse de la realidad: y que es adicta al amor. ¿Adicta al amor? Sí, a esa obsesión basada en idealizar una vida con casi cualquier persona que se cruza en tu camino.

Gus es todo lo contrario. O eso parece. En LOVE tiene el rol del chico bueno, el típico que nunca ha roto un plato, aquel que toda madre soñaría tener como yerno. Pero con el paso de los capítulos los espectadores se van dando cuenta de que no es tan bueno como parece y que muchas veces se hace la víctima para sacar provecho de las situaciones.

El problema de la serie es que la relación de ambos está cimentada bajo la personalidad adictiva de Mickey. Hay química entre los actores y, por tanto, entre los personajes, pero no se ve una esencia que haga a la serie sobresalir sobre otras tan aclamadas por la crítica como Catastrophe (Reino Unido) o You’re the Worst(EEUU).

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En You’re the Worst, una de las series con mejores críticas hasta la fecha, dirigida por Stephen Falk (Orange is the new black), la relación de los dos protagonistas, Gretchen y Jimmy, surge de una manera mucho más natural. Son personajes complicados al igual que los de LOVE, y aunque sus vidas se alinien por lo egoístas y apáticos que son, el hecho de compartir esa repulsión hacia todo lo que les rodea les une. Mantienen esa emoción por no caer en la rutina. Lo que no quieren ser es ser personas normales, aunque parece que al final eso es precisamente lo que están buscando, como se aprecia en el personaje de Mickey en Love.

Todos los productores y directores de series están optando por seguir esta estela de series que tratan el amor complicado que te revuelve de la cabeza a los pies. ¿Por cuánto tiempo? Parece las relaciones típicas del siglo XXI no pasan de moda. O al menos por el momento.